
yo tenía mi camino, como tú el tuyo,
en pos de una bellísima idea de fuego
¡cómo alumbraba nuestra lluvia de horas,
que no son puertos, no son hogares, no son promesas!
yo tenía, como tú el tuyo, un cuerpo nuevo
con su insaciable gana al fondo
¡cómo empujaba nuestros días,
que no son propicios, no son creíbles, no son seguros!
Del libro: Abalorios, 2001
Palabras Mayores, Editorial Alhulia
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